Redacción
Juan Sebastián Sosa
Uno de los casos más estremecedores de los últimos meses en Colombia sigue revelando piezas clave. Zulma Guzmán, empresaria bogotana, es señalada como la responsable de un crimen que conmocionó al país: el envenenamiento con talio de dos menores que consumieron unas frambuesas congeladas contaminadas.
La mujer está detenida en Londres, a la espera de una posible extradición a Colombia. La Fiscalía ya la acusó formalmente y avanza con varias pruebas que la relacionan con los hechos. Una de las más importantes es el testimonio de un domiciliario que, sin saberlo, terminó entregando el paquete mortal.
Según reveló Caracol Radio, este hombre recogió el pedido en un edificio del norte de Bogotá, cerca del parque de la 93, y lo llevó hasta un apartamento en Chapinero Alto. Allí se encontraban Inés de Bedout y Emilia Forero, las dos menores que perdieron la vida, y otros dos niños que resultaron intoxicados.
El paquete contenía frambuesas contaminadas con talio. El testimonio, de 12 páginas, fue entregado a la Fiscalía y se ha convertido en una pieza fundamental para entender cómo se ejecutó la entrega.
Todo ocurrió el 3 de abril de 2025. Aquel día, el domiciliario recibió un paquete en un edificio blanco de tres pisos. Según relató, lo atendió una celadora con uniforme azul. Al decir que iba por un pedido a nombre de “Yeison”, fue llamado desde una oficina una mujer de cabello blanco, gafas y ropa formal.

Zenaida Vargas: la mujer que entregó el paquete
La mujer que bajó a entregarle el paquete al domiciliario sería Zenaida Vargas Pava. Ella confirmó la dirección de entrega, le pagó en efectivo y le dijo: “Deje así, y ya”. La descripción física coincidía con una mujer de 63 años, nacida en 1962, según estableció Caracol Radio.
Zenaida es hoy una nueva figura clave en el expediente. Fue quien tuvo contacto directo con el repartidor, quien dio las instrucciones y quien insistió en que el paquete llegara a su destino. El papel que jugó quedó registrado en detalle en el relato.
La versión del domiciliario indica que después de recoger el pedido y salir hacia Chapinero, llegó a la vivienda donde debía entregarlo. Allí fue recibida por una niña rubia, de unos 12 o 13 años, que se negó a aceptarlo. Dijo que no esperaban nada y que no aparecía nombre alguno en la bolsa.

“Yo le dije que no sabía porque a mí ya me habían pagado ese pedido por adelantado, me habían pagado 10 mil pesos por el servicio. Entonces la niña me dijo que ella no lo podía recibir porque no le habían informado nada”, relató.
El domiciliario canceló la entrega y comenzó a devolverse. Pero minutos después recibió una llamada: era Zenaida Vargas. Quería que se devolviera y entregara el pedido como fuera.
La insistencia que cambió todo
“De ahí yo alcancé a bajar como la mitad del camino, casi hasta la circunvalar, cuando la señora que me entregó me llamó y me dijo que por qué había marcado la entrega como fallida”, explicó el domiciliario. En la llamada, él le dijo que las personas no querían recibir el paquete porque no lo habían solicitado.
Zenaida no aceptó el intento fallido. Le pidió que regresara, que insistiera. Le dijo que se trataba de un regalo y que era importante entregarlo. Incluso le ofreció pagarle más por el servicio. El domiciliario accedió y volvió a tocar la puerta de la casa.
Esta vez, al entregar el paquete, mencionó el nombre de “Martín”, quien vivía en ese mismo apartamento. El celador de la unidad reconoció el nombre y dijo: “Ah, es Martín”.

Poco después, la empleada doméstica del apartamento recibió el paquete. Según el testimonio, todo ocurrió hacia las 6:35 p.m., cuando Zenaida volvió a escribirle por mensaje de texto para confirmar que el pedido había sido entregado.
“No le puedo pagar porque voy en TransMilenio, pero apenas llegue a la casa lo hago”, le escribió la mujer tras haber confirmado que las frambuesas habían sido entregadas. Esa transacción nunca se cerró del todo. Lo que sí quedó claro fue la insistencia y el seguimiento detrás de la entrega.
Zulma Guzmán y la red de responsabilidades
Aunque la entrega parecía una diligencia sencilla, el testimonio del domiciliario destapó una cadena de hechos coordinados. Desde el punto de recogida hasta la persistencia para que el paquete llegara, todo apunta a una planeación detallada.
En la investigación también aparece el nombre de Yeison Rosas, un supuesto asesor espiritual cercano a Zulma Guzmán, señalado como intermediario. Fue quien figuró como solicitante del pedido y quien hizo el enlace entre Zenaida Vargas y el repartidor.
La Fiscalía ahora estudia cómo se conectan todos estos nombres y cuál fue el rol de cada uno. Por lo pronto, Zenaida Vargas quedó plenamente identificada como la persona que entregó el paquete, insistió en la entrega y confirmó que llegara al lugar de destino.
La pregunta que sigue es: ¿quiénes más sabían lo que contenía ese paquete?
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