Redacción Angélica González

Revisar el celular constantemente, incluso cuando no hay notificaciones nuevas, podría estar dañando la capacidad de recordar información y de mantener la atención. Esta es la conclusión principal de una investigación de la Universidad de Gestión de Singapur, que analizó cómo las interrupciones breves pero frecuentes influyen en los fallos cognitivos diarios.

 

A diferencia de lo que muchos creen, el problema no estaría en la cantidad de horas que pasamos frente a la pantalla, sino en la frecuencia con la que revisamos el dispositivo. Cada consulta —aunque dure apenas unos segundos— obliga al cerebro a pausar la actividad que está realizando y a evaluar si hay algo nuevo o relevante, un proceso que fragmenta la atención y desgasta los recursos cognitivos.

 

 

Revisar el celular constantemente predice más olvidos y descuidos

 

Los investigadores encontraron que el simple acto de revisar el celular repetidamente se asocia con un aumento de olvidos, pérdida del hilo en conversaciones, descuidos cotidianos y dificultades para mantener el foco. Este fenómeno se explica por los llamados costos de conmutación, el desgaste acumulado cuando el cerebro cambia de una tarea a otra una y otra vez.

 

Cada interrupción activa un ciclo: desconectarse de la tarea principal, procesar la nueva información y retomar lo que se estaba haciendo. Cuando esto ocurre decenas o incluso cientos de veces al día, el rendimiento cognitivo se ve comprometido.

 

 

Los usuarios creen mirar menos el celular de lo que realmente hacen

 

Una encuesta citada por The Washington Post reveló que muchas personas creen consultar su celular entre 40 y 50 veces al día. Sin embargo, los registros internos muestran que para algunos usuarios la cifra supera las 100 revisiones diarias. Esta diferencia evidencia que gran parte de los chequeos se hace en piloto automático: se desbloquea el teléfono sin motivo claro y sin esperar un mensaje urgente.

 

Para los neurocientíficos, este comportamiento está relacionado con los circuitos de recompensa, que se activan ante la posibilidad —real o imaginada— de recibir un mensaje o una actualización. Esa anticipación mantiene al cerebro en una alerta constante que consume energía necesaria para procesos como memorizar, resolver problemas o concentrarse.

 

 

Incluso tener el celular cerca puede afectar la concentración

 

El estudio advierte que solo tener el teléfono a la vista, aunque no se use, puede generar una tensión subterránea que divide la atención. El cerebro permanece pendiente de la posibilidad de una interrupción, lo que limita la capacidad de enfocarse en tareas prolongadas.

 

Sentir inquietud cuando el dispositivo no está cerca, usarlo para evitar momentos de aburrimiento o interrumpir actividades para revisarlo compulsivamente son señales de un patrón que puede afectar la memoria de trabajo.

 

 

Cómo reducir el impacto en la memoria y la atención

 

Para disminuir estos efectos, los expertos recomiendan:


    •    Crear espacios sin celular durante el día.
    •    Evitar tener el dispositivo sobre el escritorio mientras se trabaja o estudia.
    •    Desactivar notificaciones no esenciales.
    •    Identificar los momentos en los que se revisa el celular por hábito y no por necesidad real.

 

Reducir la frecuencia de revisiones puede ayudar a reconstruir la capacidad de atención sostenida y a disminuir la sensación de fatiga mental provocada por la vigilancia permanente.

 

 

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