Redacción Angélica González

Perder entre 50 y 100 hebras al día es normal, pero algunos hábitos cotidianos pueden acelerar la caída del cabello o volverlo más frágil. Peinados tirantes, calor excesivo, mala alimentación, estrés y falta de descanso son factores que especialistas relacionan con el deterioro capilar.

 

 

Qué hábitos dañan el cabello

 

Uno de los errores más comunes son los peinados que ejercen tensión constante, como coletas altas, trenzas apretadas, extensiones o moños. La Academia Americana de Dermatología advierte que este tipo de estilos puede causar alopecia por tracción, una caída ligada al estrés repetido sobre el folículo piloso.

 

También influyen las herramientas térmicas y los procedimientos químicos. MedlinePlus señala que el uso frecuente de secadores, planchas y productos para alisar o rizar puede debilitar la hebra y favorecer la rotura, sobre todo si el cabello se cepilla con fuerza cuando está mojado.

 

 

Alimentación y estrés

 

La dieta cumple un papel clave en la salud capilar. La falta de proteínas, hierro, zinc y vitaminas puede desencadenar efluvio telógeno, una condición en la que el cabello se desprende en mayor cantidad, especialmente al lavar o peinar.

 

El estrés físico o emocional intenso también altera el ciclo de crecimiento del cabello. Cirugías, enfermedades graves, fiebre alta, parto o pérdidas significativas pueden provocar una caída más notoria durante semanas o meses.

 

 

Dormir también influye

 

Dormir con el cabello mojado y usar fundas de algodón aumenta la fricción durante la noche. Esa fricción puede generar enredos, quiebre y debilitamiento progresivo, sobre todo si la fibra ya está frágil.

 

Los materiales como la seda o el satén provocan menos roce y ayudan a conservar mejor la fibra capilar. Por eso, cambiar la funda de almohada puede ser una medida simple pero útil para reducir el daño.

 

 

Cómo reducir el daño

 

Los especialistas recomiendan evitar frotar con fuerza el cuero cabelludo al lavar el cabello. En su lugar, conviene repartir el champú con suavidad usando las palmas de las manos durante 3 o 4 minutos y masajear después las puntas.

 

También es importante alternar peinados y darle descansos al cuero cabelludo, especialmente en cabellos crespos o afros, que son más sensibles a la alopecia por tracción. Si hay debilitamiento, lo mejor es suspender tintes agresivos por unas semanas o buscar opciones menos fuertes, como coloraciones vegetales.

 

 

Cuándo prestar atención

 

Si la caída aumenta de forma persistente, aparecen zonas con menor densidad o el cabello se rompe con facilidad, conviene revisar hábitos diarios y consultar a un especialista. Muchas veces el problema no es una sola causa, sino la suma de tensión, calor, dieta insuficiente y estrés.

 

Actuar a tiempo puede marcar la diferencia entre una caída temporal y un daño más prolongado. Cuidar el cabello no depende solo de productos, sino también de cómo se peina, se alimenta y se descansa.

 

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