Redacción Angélica González

Una mujer afectada por el terremoto de magnitud 7,4 relató que delincuentes se llevaron varias mesas que utilizaba para trabajar. Su denuncia expone otro temor que enfrentan algunas víctimas de la emergencia: abandonar sus viviendas y perder las pocas pertenencias que lograron conservar.

 

La emergencia provocada por el terremoto de magnitud 7,4 que sacudió a Colombia no solo ha dejado pérdidas humanas y graves daños materiales. En medio de la evacuación de viviendas y las labores de atención a los damnificados, algunas personas también han expresado preocupación por posibles robos en las zonas afectadas.

 

Una de ellas compartió un video en el que denunció que varias mesas que utilizaba como herramientas de trabajo desaparecieron mientras se encontraba fuera de su vivienda.

 

 

“No entendía por qué la gente no quería abandonar sus casas”

 

Según relató la mujer, durante sus recorridos por sectores afectados por el terremoto se había preguntado por qué algunas familias se negaban a abandonar sus viviendas, incluso cuando las estructuras presentaban daños y existía el riesgo de nuevos colapsos.

 

Inicialmente, aseguró, no comprendía por qué algunas personas preferían permanecer cerca de sus casas para cuidar sus pertenencias en medio de una situación de emergencia.

 

“En mi mente no cabe la idea de que existan personas que, en medio de esta desgracia, tengan cabeza para robar a una víctima”, manifestó.

 

Sin embargo, su percepción cambió después de regresar y descubrir que varias de sus mesas habían desaparecido.

 

 

Las mesas eran parte de su sustento económico

 

La afectada explicó que las mesas no eran simplemente objetos domésticos, sino elementos fundamentales para desarrollar su actividad económica informal.

 

“Mis mesas yo las he ido comprando una a una según yo he podido”, contó.

 

De acuerdo con su testimonio, muchas personas conocen los lugares en los que trabaja, por lo que estos elementos representan una parte importante de su sustento. Además, afirmó que había dejado sus pertenencias aseguradas antes de marcharse.

 

“Yo dejo lo mío amarrado, no sé cómo hicieron, se me las llevaron”, expresó.

 

El robo representa para ella una nueva afectación económica en un momento en el que ya enfrenta las consecuencias del terremoto.

 

 

Cuestionó que se responsabilice a las víctimas por los robos

 

La mujer también rechazó los comentarios que responsabilizan a las propias víctimas por dejar sus pertenencias en determinados lugares durante una emergencia.

 

“Escucho comentarios que para qué dio papaya, que esto, que el otro”, señaló.

 

Para la afectada, este tipo de señalamientos desconocen la realidad de quienes deben evacuar sus viviendas para proteger su vida, pero al mismo tiempo enfrentan la preocupación de dejar atrás los bienes que lograron conservar.

 

Tras vivir el robo, aseguró que ahora comprende mejor por qué algunas personas permanecen cerca de sus casas pese a los riesgos.

 

“Aunque hoy hay gente que esté pasando por una difícil situación, siempre hay otros esperando la oportunidad para hacer daño”, manifestó.

 

 

“Devuélvame mis mesas”: el llamado de la mujer

 

La mujer insistió en que las mesas tienen un valor especial para ella porque las utiliza para trabajar y las adquirió progresivamente con sus propios recursos.

 

“Lo que me hicieron a mí llevándose mis mesas es un daño, porque no son mesas nuevas, solo me sirven a mí”, explicó.

 

Al finalizar su relato, hizo un llamado directo a la persona que se llevó sus pertenencias: “Devuélvame mis mesas, que a usted no le va a servir”.

 

También cuestionó qué beneficio podría obtener alguien al apropiarse de elementos usados que, aunque podrían tener poco valor comercial, para ella representan años de esfuerzo y una herramienta indispensable para generar ingresos.

 

 

El temor a perder lo poco que quedó después del terremoto

 

El testimonio pone sobre la mesa otra preocupación que puede surgir después de una emergencia de gran magnitud: la seguridad de las viviendas evacuadas y de los bienes que permanecen en las zonas afectadas.

 

Para muchas familias, las consecuencias de un terremoto no terminan cuando deja de moverse la tierra. Tras la emergencia comienza un proceso marcado por la pérdida de viviendas y pertenencias, la incertidumbre económica y, en algunos casos, el temor de abandonar lo poco que lograron conservar.

 

La denuncia de esta mujer evidencia precisamente ese dilema: proteger la vida alejándose de una estructura potencialmente peligrosa mientras existe el miedo de perder las pertenencias que quedaron atrás.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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