Redacción
Angélica González
La Navidad es una de las fechas del año que más emociones moviliza en las personas. Para muchos, no solo representa alegría y celebración, sino también una profunda sensación de nostalgia. Esta combinación emocional tiene una explicación científica y está directamente relacionada con la convivencia familiar, los recuerdos de la infancia y los cambios que experimenta el cuerpo durante estas fechas.
De acuerdo con especialistas, en Navidad se fortalecen los vínculos afectivos y se activan memorias emocionales asociadas con momentos de cuidado, tranquilidad y unión, lo que genera una experiencia emocional única.
¿Qué es la nostalgia y por qué aparece en Navidad?
La nostalgia no significa necesariamente tristeza. Gabriel Gutiérrez Ospina, investigador del Departamento de Biología Celular y Fisiología del Instituto de Investigaciones Biomédicas de la UNAM, explica que se trata de extrañar algo mientras se conservan buenos recuerdos.
Según el académico, esta emoción está vinculada principalmente con experiencias positivas. Durante la Navidad, las familias suelen adoptar una actitud de mayor cuidado hacia los demás, expresada en gestos como compartir alimentos, intercambiar regalos y permitir dinámicas que no siempre se dan durante el resto del año.
El ambiente familiar: un “apapacho” emocional
Desde la infancia, la Navidad crea una atmósfera de aparente felicidad colectiva. Las rutinas se detienen: no hay escuela, el trabajo disminuye y el estrés cotidiano se reduce. Este cambio genera un espacio de convivencia más relajado y pacífico.
“Eso se siente rico, es un apapacho”, señala Gutiérrez Ospina. Al vivir estas experiencias en grupo, se construyen memorias que muchas personas desearían repetir, lo que explica por qué la nostalgia aparece con fuerza en esta época.
¿Qué ocurre en el organismo durante la Navidad?
A nivel biológico, el cuerpo también responde de manera positiva. La expectativa de recibir regalos, especialmente en los niños, genera un tipo de estrés bueno que rápidamente se transforma en gozo.
Durante estas fechas, el organismo libera diversas hormonas asociadas al bienestar:
• Oxitocina, relacionada con la felicidad y el apego.
• Dopamina, que contribuye a reducir la inflamación y refuerza la sensación de placer.
• Disminuyen los niveles de cortisol, la hormona del estrés, lo que permite alcanzar un estado fisiológico más equilibrado.
Todo esto favorece una mayor sensación de bienestar físico y emocional.
El papel del cerebro y los estímulos navideños
Los estímulos visuales propios de la Navidad —como el árbol, las luces y los regalos— activan rápidamente recuerdos asociados con experiencias agradables. Al ver estos elementos, muchas personas experimentan pensamientos anticipatorios como: “ya quiero que sea la próxima Navidad”.
Diversas regiones del cerebro, entre ellas los ganglios basales, la corteza prefrontal, el hipocampo, la amígdala y la corteza entorrinal, interactúan para generar un estado de bienestar transitorio que revive memorias de celebraciones pasadas.
A nivel físico, esto puede manifestarse con aumento del ritmo cardíaco, respiración acelerada, sudoración o tensión muscular.
Navidad en la infancia y en la adultez: dos experiencias distintas
La vivencia de la Navidad cambia con el paso del tiempo. En la infancia, se presenta como algo mágico y extraordinario, reforzado por figuras como Santa Claus o los Reyes Magos.
En la adultez, la experiencia suele incluir mayores niveles de presión y estrés, especialmente para los padres, quienes enfrentan compras, multitudes y la responsabilidad de cumplir expectativas. Aun así, también existe la posibilidad de disfrutar de momentos de calma y convivencia familiar que mantienen vivo el significado emocional de la fecha.
Otras celebraciones que despiertan emociones similares
La Navidad no es la única fecha capaz de generar este tipo de reacciones. Cumpleaños, encuentros familiares durante eventos deportivos importantes, el Día de la Independencia o el Día de Muertos también forman parte de una simbología social que permite al ser humano modificar temporalmente su forma de enfrentar la vida cotidiana.
Estas celebraciones refuerzan el sentido de pertenencia, activan memorias positivas y generan espacios emocionales que impactan tanto en la mente como en el cuerpo.
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