Redacción Angélica González

La misión Artemis II no solo está haciendo historia por lo que muestra en su día a día, también lo está haciendo por sus cifras. Este lunes 6 de abril, la nave Orión se convirtió en la misión tripulada que más lejos ha viajado desde la Tierra, superando el récord del Apolo 13 y alcanzando una distancia de 406.771 kilómetros, un hito que no se lograba desde la década de 1970.

 

La microgravedad del espacio provoca cambios rápidos en el cuerpo humano, adaptado a la gravedad terrestre de 9,8 m/s². En la misión Artemis II (11 días), tripulantes como Víctor Glover, Reid Wiseman, Christina Koch y Jeremy Hansen enfrentarán modificaciones en fluidos, músculos, huesos y visión.

 

 

Redistribución de fluidos y Síndrome de Adaptación Espacial

 

En las primeras horas, los fluidos corporales se desplazan hacia la cabeza por falta de gravedad, causando náuseas, mareos, cefaleas y desorientación (Síndrome de Adaptación Espacial). El flujo sanguíneo cerebral aumenta, elevando presión en vasos y ojos, con riesgo de edema y visión borrosa.

 

Estos son efectos son transitorios en misiones cortas como Artemis II.

 

 

Pérdida muscular y ósea en microgravedad

 

Sin carga gravitacional, músculos pierden hasta 20% de masa en dos semanas, y huesos 0,5-2% mensual (0,5% estimado para Artemis II). Mayor que en Tierra.

 

 

SistemaPérdida estimada (11 días)Mitigación
MúsculosHasta 20% masaEjercicios resistidos
Huesos0,5% densidadDieta rica en calcio, impacto controlado

 

Entrenamientos con bandas elásticas simulan cargas terrestres.

 

 

Radiación y otros riesgos espaciales

 

Exposición: 10-20 mSv, equivalente a años de radiación natural o múltiples rayos X. Impacta ADN, pero dosis baja en misiones cortas.

 

 

Recuperación post-misión Artemis II

 

Al aterrizar, exámenes evalúan equilibrio, fuerza, presión y visión. Datos clave para Artemis III (luna). Cuerpo revierte cambios en semanas con rehabilitación.

 

 

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