Redacción Juan Sebastián Sosa

El Vaticano ya se prepara para uno de los momentos más esperados por los católicos en todo el mundo. Este viernes comenzaron los trabajos para instalar la emblemática chimenea en la Capilla Sixtina, el lugar en el que se desarrollará el cónclave del próximo 7 de mayo, donde se elegirá al sucesor del papa Francisco.

 

La chimenea, instalada temporalmente en el techo de la capilla, conecta con una estufa especial que quemará las papeletas con las que los cardenales votarán por el nuevo pontífice. Su humo comunicará al mundo si hay o no Papa: negro si no hay acuerdo, blanco si se ha alcanzado la mayoría necesaria.

 

Para asegurar que el humo sea claramente visible, las papeletas se combinan con mezclas químicas. Si el resultado es negativo, se usa una fórmula con perclorato de potasio, antraceno y azufre para generar humo negro. Si se elige un nuevo papa, se emplea una mezcla distinta que produce humo blanco.

 

 

Desde este lunes, la Capilla Sixtina —hogar del majestuoso Juicio Final de Miguel Ángel— está cerrada al público para permitir los preparativos del cónclave. Se disponen mesas, bancas y dispositivos especiales, todo en un ambiente de estricto aislamiento y confidencialidad.

 

Participarán 133 cardenales menores de 80 años. Para que haya nuevo pontífice, se requieren 89 votos, es decir, una mayoría de dos tercios. El proceso, lleno de historia y solemnidad, se llevará a cabo en el más absoluto silencio, lejos de la mirada del mundo.

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