Redacción Juan Sebastián Sosa

Dos terremotos sacudieron el centro de Venezuela este miércoles 24 de junio de 2026 y dejaron al menos 164 muertos y 971 heridos, convirtiéndose en los sismos más graves que ha sufrido ese país desde el terremoto de 1997 en el estado de Sucre, que causó 73 muertes y cientos de heridos. 

 

La magnitud de la tragedia reavivó el recuerdo de otros sismos que marcaron la historia venezolana por su impacto humano y material, y desató una inmediata ola de solidaridad internacional.

 

Los dos movimientos telúricos fueron registrados por el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS). El primero, de magnitud 7,2, tuvo su epicentro a 21 kilómetros de profundidad cerca de la ciudad de San Felipe, estado de Yaracuy, a unos 200 kilómetros de Caracas, y se registró a las 22:04 GMT. El segundo, de magnitud 7,5, ocurrió apenas 39 segundos después en la misma zona, a 10 kilómetros de profundidad. Ambos provocaron escenas de pánico en distintos puntos del país, incluida la capital.

 

Los sismos de magnitud 7,2 y 7,5 dejaron 164 muertos y son los peores desde el terremoto de 1997

 

Los terremotos con más víctimas en la historia de Venezuela

 

  • Venezuela tiene una larga historia de sismos destructivos. El más antiguo de los registros más graves ocurrió el 17 de enero de 1929, cuando un terremoto de magnitud 6,9 generó un tsunami que destruyó la ciudad de Cumaná, en el estado de Sucre, y causó 800 muertos, convirtiéndose en el más letal de la historia moderna del país.

  • Dos décadas después, el 3 de agosto de 1950, un sismo de magnitud 6,8 golpeó El Tocuyo, en el estado de Lara, y provocó cerca de un centenar de fallecidos. La localidad quedó destruida casi por completo, lo que evidenció la vulnerabilidad de las construcciones de la época ante movimientos telúricos de esa escala.

  • El 29 de julio de 1967 se produjo uno de los episodios más recordados de la historia sísmica venezolana. Un terremoto de magnitud 6,6 sacudió las cercanías de Caracas, seguido de un pequeño tsunami, y dejó 245 muertos, miles de heridos y considerables daños materiales en la capital y sus alrededores. Treinta años después, ese sismo sigue siendo el más mortífero ocurrido cerca de la ciudad.

  • El 9 de julio de 1997, un sismo de magnitud 6,9 sacudió la costa este del país, con especial impacto en Cumaná y Cariaco, en el estado de Sucre. El balance fue de 73 muertos, alrededor de 500 heridos y 3 mil damnificados. Las lluvias torrenciales que se presentaron simultáneamente agravaron la situación y dificultaron las labores de atención a las víctimas.

  • En noviembre de 2015, dos terremotos de magnitud 5,1 sacudieron la región de Mérida, en el noroeste del país, y cada uno dejó un fallecido. 

  • En septiembre de 2025, el occidente venezolano, especialmente el estado de Zulia, registró 189 eventos sísmicos que generaron daños en viviendas, hospitales, iglesias, puentes, semáforos y servicios eléctricos.

  • Con 164 muertos y 971 heridos, los sismos del 24 de junio de 2026 se ubican como los más destructivos de Venezuela en casi tres décadas, superando ampliamente el balance del terremoto de 1997 y acercándose al impacto humano del de 1967 en Caracas.

 

¿Por qué Venezuela está en una zona de alta amenaza sísmica?

 

La estructura geológica de Venezuela la posiciona entre las regiones con mayor actividad sísmica del norte de Sudamérica. El país se encuentra sobre el límite entre la Placa del Caribe y la Placa Sudamericana, dos grandes bloques de la corteza terrestre cuya fricción constante genera sismos con regularidad.

 

La Placa del Caribe se extiende bajo gran parte del mar Caribe y abarca el norte de Venezuela, mientras que la Placa Sudamericana comprende todo el continente hacia el sur. El límite entre ambas atraviesa el norte del país, desde la frontera con Colombia hasta el litoral central, pasando por el occidente venezolano. Es precisamente en esa franja donde se concentra la mayor actividad sísmica.

 

Ese fenómeno se manifiesta con mayor intensidad en zonas cercanas a sistemas de fallas activas. La más importante es la falla de Boconó, una fractura geológica de unos 500 kilómetros de longitud que cruza los Andes venezolanos desde la depresión del Táchira, en el suroeste, hasta las costas del Caribe cerca de Morón, en el estado de Carabobo. Esta falla actúa como el principal límite superficial entre las dos placas tectónicas y es responsable de muchos de los sismos más fuertes registrados en el país.

 

Los sismos de magnitud 7,2 y 7,5 dejaron 164 muertos y son los peores desde el terremoto de 1997

 

De acuerdo con la Fundación Venezolana de Investigaciones Sismológicas (Funvisis), los eventos sísmicos representan uno de los mayores riesgos para la población venezolana, debido a la cantidad de habitantes asentados sobre zonas inestables, el crecimiento urbano no planificado y el desarrollo de infraestructura en áreas críticas.

 

La franja de mayor riesgo se extiende a lo largo de aproximadamente 100 kilómetros de ancho, siguiendo el eje de los Andes venezolanos, la Cordillera Central y la Cordillera Oriental, cadenas montañosas que atraviesan el país de suroeste a noreste. En sus zonas de contacto se concentran las fallas sismogénicas más activas del territorio.

 

¿Cuáles son las fallas sísmicas más peligrosas de Venezuela?

 

Además de la falla de Boconó, que atraviesa los estados Táchira, Mérida, Trujillo, Lara y llega hasta el litoral central, Venezuela cuenta con otros sistemas de fallas activas que representan un riesgo permanente para ciudades y poblaciones.

 

La falla de San Sebastián se extiende paralela a la costa norte, desde el estado Falcón hasta el centro de Miranda. Su ubicación la hace especialmente peligrosa porque puede generar sismos que afecten directamente a ciudades costeras y a la capital. La falla de El Pilar, por su parte, recorre el oriente del país entre los estados Sucre y Monagas, y ha sido responsable de terremotos que impactaron severamente esa región a lo largo de la historia.

 

Existen además otros sistemas de menor longitud, pero con potencial destructivo, como la falla Oca-Ancón, que conecta el occidente venezolano con la península de la Guajira en Colombia, y las fallas de Valera, La Victoria y Urica. Todas estas estructuras son capaces de producir movimientos telúricos de consideración, incluso en zonas que no suelen registrar actividad frecuente.

 

La falla de Boconó, con desplazamientos observados a lo largo de siglos, es considerada por los expertos el principal límite superficial entre la Placa del Caribe y la Placa Sudamericana, y el factor de mayor riesgo sísmico para el territorio venezolano.

 

La combinación de una geología altamente activa, una población creciente asentada en zonas vulnerables y la expansión de ciudades sobre áreas críticas configura un escenario de riesgo permanente que los sismos del 24 de junio de 2026 volvieron a poner en evidencia de manera dramática.

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