Redacción Juan Sebastián Sosa

Después de 18 días de angustia profunda, el país despertó este miércoles 21 de mayo con una noticia esperanzadora: fue liberado Lyan José Hortúa, el niño de 11 años secuestrado en Jamundí, Valle del Cauca. Se presume que el pequeño estuvo retenido por la estructura Jaime Martínez, parte de las disidencias de Iván Mordisco.

 

La liberación de Lyan representa un alivio no solo para su familia, sino también para una nación que ha seguido con atención cada detalle del caso. La presión social, las súplicas públicas y las oraciones dieron resultado. El menor fue entregado en buen estado de salud.

 

El caso generó repudio en redes sociales y medios de comunicación, especialmente por la corta edad del niño y el sufrimiento visible de su madre, Angie Bonilla. Las autoridades confirmaron que el menor fue liberado en una zona rural del municipio y entregado a su familia.

 

Cuatro días amarrado y humillado”: el horror que vivió Lyan, niño liberado  tras 19 días secuestrado por disidencias

 

El testimonio que estremeció al país

 

La reacción de Angie Bonilla, madre de Lyan, ha sido una de las imágenes más poderosas tras la liberación. Cuando las cámaras la abordaron minutos después del reencuentro, apenas podía hablar. Entre lágrimas, alcanzó a decir: “Dios mío, esto es un milagro de Dios”.

 

La mujer, visiblemente afectada, expresó que vivió una verdadera pesadilla durante los casi 20 días en los que no tuvo noticias de su hijo. “Fue horrible, una pesadilla. Esto fue la muerte, Dios mío”, repitió con la voz entrecortada mientras abrazaba a Lyan.

 

Angie no solo habló de su dolor, sino también del estado en que recibió al niño. Contó que lo notó nervioso, con señales de ansiedad y con sus uñas completamente mordidas. “Tiene sus uñitas muy comiditas, muy nervioso, muy ansioso, está muy asustado, es normal. Es tiempo de sanar y con amor abrazarnos”, afirmó.

 

“Estamos muy conmovidos por el testimonio del niño, es muy triste lo que le tocó pasar”, agregó.

 

 

“Somos personas del común”

 

Más allá del impacto emocional, Angie también quiso dejar claro que su familia no tiene vínculos con actividades ilícitas ni deudas con grupos armados. “Mi familia es una familia honesta, somos trabajadores, no tenemos deudas o negocios ilícitos, somos personas del común, nos esforzamos todos los días, nos levantamos todos los días con los mismos sueños, somos el típico colombiano que trabaja y quiere salir adelante”, dijo.

 

Además, aseguró: “Había muchas presiones, queríamos ser prudentes”. 

 

La mujer agradeció a todas las personas que estuvieron pendientes, especialmente a quienes oraron, compartieron la historia o ayudaron a mantener viva la esperanza. Especialmente les agradeció a los medios de comunicación por ser un amplificador de la voz de su familia. 

 

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