Redacción
Juan Sebastián Sosa
Manizales sigue en duelo tras la trágica muerte de Antonella López Torres, una niña de tan solo dos años, presuntamente asesinada por su madre. El crimen, ocurrido el 27 de julio en el barrio San Sebastián, estremeció a todo el país y ha encendido una ola de cuestionamientos hacia las autoridades.
La familia paterna de la menor rompió el silencio y aseguró que en múltiples ocasiones advirtió a la Fiscalía y al Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF) sobre el riesgo que enfrentaba la niña. “Lo advertimos. Pedimos ayuda, pero no nos escucharon”, afirmó una tía del padre de Antonella en entrevista con El Tiempo.
Según sus declaraciones, hubo intentos reiterados para que el padre pudiera obtener la custodia, debido a “las conductas erráticas y episodios de aparente maltrato” por parte de la madre, Silvana Torres. Todos esos esfuerzos, aseguran, fueron ignorados por las entidades competentes.
“Siempre temimos lo peor, pero nunca imaginamos algo tan brutal”, añadió otro allegado. La familia, que vive en otra zona de Manizales, expresó su frustración por lo que consideran una grave omisión institucional. “No es solo una tragedia familiar, también es un fracaso del sistema que debía proteger a la niña”, sentenció.
El caso ha expuesto posibles fallas estructurales que, según ellos, permitieron que una situación de riesgo culminara en una tragedia irreversible.

El dolor del padre: “Está destrozado”
Además de exigir justicia, la familia paterna compartió detalles del profundo dolor que enfrenta el padre de Antonella. “Él está destrozado, no puede creer lo que pasó. Era su única hija”, contó una familiar cercana, visiblemente afectada por los hechos.
El padre de la menor habría alertado también sobre la “inestabilidad emocional” de Silvana Torres. Señaló que ella presentaba cambios abruptos de conducta, episodios de aislamiento y señales de angustia que lo llevaron a pedir ayuda formal para proteger a su hija.

Según la familia, estos signos fueron comunicados directamente a funcionarios del ICBF y a una oficina de la Fiscalía, pero nunca se tomaron medidas efectivas. Tampoco prosperaron las solicitudes para asumir la custodia, pese a que se acompañaron de testimonios y reportes de allegados.
El ambiente en el entorno familiar es de rabia, impotencia y desconsuelo. Para ellos, el crimen no solo representa una pérdida irreparable, sino también la evidencia de un sistema que no protegió a tiempo a una niña en riesgo.
La confesión de Silvana Torres: ¿fue consciente de lo que hizo?
Tras el crimen, Silvana Torres fue llevada a la clínica mental San Juan de Dios, donde confesó lo ocurrido ante el equipo médico. “Me enceguecí, me llené de rabia, fui a la cocina por un cuchillo, le hice daño a mi hija y me quería morir”, dijo, según reveló la revista Semana.
En el mismo informe clínico, la joven aseguró que su hija “no era culpable de nada” y que tenía “muchas cosas en la cabeza”. Esta declaración forma parte del proceso judicial y podría ser usada por su defensa para alegar inimputabilidad.

Su abogado sostiene que, al momento del hecho, Silvana no era plenamente consciente de sus actos. No tiene antecedentes penales ni historial psiquiátrico documentado, pero sí habría mostrado signos de desequilibrio emocional en los días previos.
Mientras tanto, el país entero sigue atento a los avances del caso. La Fiscalía, por su parte, insiste en que los hechos son lo suficientemente graves como para imponer una medida de aseguramiento privativa de la libertad.
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